domingo, diciembre 31, 2006

Oigo pájaros
piar sobre tu nombre;
pero no estás.
Suelto tus lunares al cielo y me despido. Te deseo que ojalá.
La boca se congela en un beso helado, de celuloide y nada. No estás, el beso te espera y no vas a llegar. El beso lo sabe.
El mar, el puerto, un millón de almas y yo detenido en la tuya, niñita.
Las ranas miman la noche con sus sílabas. La música es para mí: lo sé aunque me distraiga recordándote
Me bendiga un amor de pájaros retorciéndose en el aire, un amor de sube y baja y cielos y abismos y viento agitando mis alas con calor y tormentas volando mañanas incalculables. Un amor que me sacuda de vos.
Estos pájaros te vieron. Estos pájaros te olvidan. También soy una nube de pájaros.
Disfruto horizontes y mares. Sé que las montañas acarician mis pies cuando les doy mi aliento.
Un millón de pájaros no lograrían ocultarte.
Navegamos con comodidad la tragedia. Naufragamos en el futuro que no ha llegado y la certeza aterradora de todo lo que no trae.

sábado, diciembre 30, 2006

Tememos el instante en que se desmoronan las paredes del aire que construimos en el futuros. Lloramos los imperios que no existirán.

martes, diciembre 19, 2006

Golpeo tus pies
como los mares nuevos.
Quiero que caigas.
Quiero tus ojos
besando el verano
sin ningún miedo.
Las prolongamos:
horas como minutos.
Aquí estamos.
Sufrir un poco
el amor desganado.
Lo que prefieras.

viernes, diciembre 08, 2006

Desde aquí la tierra es un tímido milagro que se esconde en nubes. Un verano recorre la tierra prometida.
Imagino todos los calores. Me abandono a tu verano frutado y embriagador. Perjuro tres veces de la vigilia y te elijo reina. Vos decidís mi destino.
Las distancias se acabarán. No quiero verte desde el aire, quiero hundirme cuánto antes enla calidez de tu barrio.
Amamos la luz.
Nuestros ojos y ella
sobre las cosas.
Desde el aire
amanece en Brasil.
Siempre el aire.
En los mármoles
ellos, por todos lados.
Helenizados.
Acumulamos
los más viejos dibujos.
Son los tesoros.

martes, diciembre 05, 2006

Transpirada y desnuda es un animal salado y hecho de perfumes. Tiene el ombligo inmenso y lo llena de vino tibio y especiado. Ella me emborracha.
Una luna loca se aferra a las ventanas. Aparece zigzagueante y escapa, endiablada. La tierra se acerca, la luna se calma.
Estoy habitado por la magia. Buco su dulce voz mientras sobrevuelo los bosques en la penumbra del atardecer. Espío los pequeños fuegos que las habitantes del bosque preparan para templar el lecho de los hombres. Desde la copa de los árboles se entremezclan el color de la cena y de sus cuerpos. Una de ellas me espera con las manos abiertas listas para encerrar mis mejillas y apagarme. Quiero llegar a ella antes del rocío.
Todas las mujeres se reunieron en la playa con sus pequeños y únicos libros. Miraron al mar, agitado y confuso, y entonaron el himno que es la canción de cuna de los dioses. Poco a poco el mar, se aferró al compás de estas voces espejadas. Besó las costas de la tierra una y otra vez, incansable en detalles, calas y fiordos. Las mujeres no dejaron de cantar y una de ellas, la más rubia, dejó que el mar le besara los tobillos mil y una veces.
Acá estoy, hecho amores. Entre el cuello y el sexo, revolotean pájaros. Los hay suaves y ásperos, de agudos picos. Yo estoy aquí, lleno de pájaros.
Un caballero se inclina sobre la flor que aún tibia, guarda el recuerdo del sol de la tarde. La humedad lo invita a hundir los dedos entre sus tímidos pétalos, plegados sobre la dulzura que los habita. Una modestia de violetas en la belleza de lirios.
Soy un hombre furioso como mi padre. Arrastramos las cicatrices de caballeros errantes. Lo sé, somos hijos de olvidos y abandonos, de sangres que no se detuvieron en puertos ni hembras.
Este, el mar de los Sargazos, tiene la tibieza del hastío y el vómito. Tiene la quietud infame que pervierte los mares. Este mar maldito no tiene viento.
Sin ella no hay pasaje de vuelta. Sin ella siempre estoy suelto en un país ajeno que me seduce y me dispersa, que me consuela sin saciarme. Mi alma pide la calma de su puerto cálido.
Soñarte, encantada y ancha. Como una ciudad un lecho un valle un país una casa una yegua que me llevará a través del cielo hasta el lugar dónde nací.
Nos siguen las noches, silenciosas. Al mirar por encima del hombro en los pasadizos las intuímos. Noches invisibles, imposibles, negras linternas que apagan el cielo. Aceleramos ingenuamente el paso. La noche obedece al tiempo, y el tiempo corre tanto, sólo tanto como nosotros.
No me gusta la fingida delicadeza de sus andares. La ternura es inimitable, perfecta. Huele a flores de canela, a bosques bajo la lluvia, a galletas rústicas y especias de oriente. No me gusta su fingida delicadeza, no huele a nada.
Tengo entre el pecho y el sexo cientos de cicatrices. Unas duelen, otras son un recuerdo en relieve, un grabado de sangre. Estuve en más batallas de las que recuerdo, es cierto. Pero de todas volví con vida.
Cuando me acuerdo de vos me fuerzo a pensar que existo. Los actos del destino son una verdad mayor que tus pequeños gestos. Cuando me acuerdo de vos no puedo evitar que tus pequeños gestos todavía me duelan.
Como un centro mágico el aeropuerto dispara almas hacia todo el mundo. Si fuéramos luces verías los destellos y chispas rodear el globo.
Son hermosas las mujeres que confían y se abandonan al fluir del cauce. Sabias, son dueñas del detino. No conocen la audacia porque no conocen el miedo.
Dulces yeguas curvan sus generosas caderas. Sisean sus perfiles para prolongar sus cántaros dando cobijo a los pájaros. Sus emplumados coños huelen a jazmines.
Una mujer mandarina de ojos azules agitándose bajo las hojas. El bosque es tropical pero la nieve. Pero la nieve.
En las letras hay números y sexos. Es obvio que vos sos más que tres: tu destino podría si quisieras ser perfecto. Sólo falta que despejes la variable que soy.
Las mujeres magas. Los hombres mágicos.
Jugamos a las noches. Jugamos a las mañanas. Las cartas son las mismas pero la luz es otra.
A veces me siento renunciando a todo. Desnudo el mundo hasta quedarme con una pila de huesos. Son verdad, es cierto. Pero no alcanzan para hacer un hombre.
Vuelo hacia la tranquilidad de tus pequeños brazos. Estaré mejor porque puedo cuidarte.
Un cazador. Un cuidador. Un niño guerrillero, refinaldo y salvaje.
Y esperamos
la luza que nos llevará
lejos de aquí.
Mientras te sueño
opino que el cielo
ya te conoce.
Los no-lugares
desnudan la ilusión
que habitamos.
Siempre lo mismo.
Quiero los espíritus
bajo tus vestidos.
Imaginamos
que vamos y venimos.
Estamos aquí.

lunes, diciembre 04, 2006

Me descubro ante por los valientes que entregan la cordura para traernos las palabras que nos salvan.

Mi sombrero en el aire por los sobrevivientes.
Este concierto asusta las pieles.
La discusión lleva siglos. Aprender a mantenerse en ella, saberla irresoluble. ¿Qué somos? Unos cuántos conflictos que el sexo y el vino ahogan.
Quisiera hoy deshacerme y yacer como un charco de amores bajo un cielo y un bosque.
Dios se repliega. Divide y no reinarás. Transcurrís en un conflicto imposible en el que sólo habrá un muerto.
Somos todo esto que somos; todo. Tememos divorcios y fragmentos. Resistimos con rígida pasión; rara vez funciona. Tarde o temprano somos un charco recorriendo el mundo hasta el mar.
El miedo es amanecer o crepúsculo. En los bordes, en las fronteras, al final de la piel: ahí habita el miedo.
No son disparates las voces de los muertos. Reclaman el paraíso que la noche les niega. Están ahí, pero no lo saben.
La angustia viaja en el centro del cuerpo, como una centella buscando hacer tierra. Quizás si estuviera sobre vos podría dispararte este relámpago: sos inmune. Lo que me mata te alimenta.
No me importan los jugadores de monedas que apuestan lo que les sobra.
Entiendo, si esto es posible, los dioses que se multiplican y la simplifiación monoteísta. Dios es un reflejo cuando muchos y nos tranquilizamos en ser los títeres de un panteón alocado. Pero dios, la idea, sólo puede ser uno. Un sólo reflejo del concierto que dirigimos. Si, la canción es a veces triste. Pero es una.
Inteligirte;
saberte los múltiples
que nunca serás.
Finge la quietud:
un glaciar erosiona
toda memoria.
Pienso, un héroe,
es el que sobrevive
todas las voces.
No nos queda más
que la mirdad grande.
Estamos aquí.
Soy la semilla
de putas y payasos
enamorados.
Está tu amor
en un lugar del tiempo
que no encuentro.
Tenemos miedo.
Las camisetas mienten
divinidades.

domingo, diciembre 03, 2006

Aguas

El agua se agita y el polvo y las arenas nos tiñen en nubes. La superficie es compleja y devuelve lo mismo pero en otras proporciones. Desleales reflejos se dispersan: nos descomponemos. Somos aún estos fragmentos, nos reconozco en instantes.

El amor es esta locura, una piedra en el agua que nos deshace el tiempo. Un tiempo en el que no logramos vernos y somos para nosotros mismos un recuerdo.

Estoy aquí, en este desacuerdo. No sé si soy más cierto en la quietud o en la locura, breve. No sé si soy distinto. Estoy aquí, no sé bien cuando.
Todos los santos
mentirán tu futuro.
Nada haremos.
¿Con agua fría
mataremos la magia?
Ay de nosotros.
Sobreviviré
vomitando poemas.
Nada temeré.
A los antiguos
compadezco mi alma:
somos herencias.
Este, mi cuerpo
querés que yo quiera
este, tu cuerpo.
El mismo compás,
pero no nos amamos
en simetrías.
Voy tan desnudo...
Dormiré la batalla
sobre tus sueños.
Hasta tu cuerpo
peleo mis amores:
estás jurada.
Son las pasiones:
están alborotando
mis generales.
Dios es sencillo:
uno. Siempre es uno.
Vos y dios, uno.
Las olas traen
memorias que no tengo.
Yo me asusto.
De lo sentido
nada puedo olvidar
pero olvido.
Es la batalla
del amor y el miedo
siempre la misma.
¿Cuál es la verdad?
No tengo miedo de vos
pero también.
Esto es el mar;
los restos del naufragio
me desconciertan.
Es este vaivén
de locos espíritus
mi desconfianza.