Viajando rápido tengo la sensación de que no viajo: la tierra cambia a mi alrededor. Con una cierta sorpresa veo como una ciudad me rodea, extraña. Su contundencia es incuestionable pero no alcanza; la siento mentira. De esta escenografía que ocupa mis ojos desconfío; las calles que no recorro probablemente no existan.
Imagino que podría ser yo quien la proyecta, magnífica e inabarcable. Me enternezco en pensar que me invento ciudades, llenas de rostros, sabores y acentos. Mi cuerpo sigue acostado en alguna cama de mi niñez con los ojos en el tiempo.
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1 comentarios:
No viajamos, che! movemos el mundo con los piés. Permanecemos condenados a un maldito punto relativo a vaya uno a saber quién, o qué.
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