Ocho patas transportan su espléndido cuerpo: Igna es una yegua mágica. Tiene la potencia de los hombres y la facultad de poseer como las hembras. Sabe que sólo se tiene lo que se es y ella es con sus amantes una y otra vez desde hace diecisiete mil noches. Despliega sus alas y asusta con una envergadura que dista mucho de los espacios que solemos habitar. Pero entonces, una infinidad de existencias sonríe bajo su magnánimo cobijo y confiamos también en los ojos de estos seres. Son poseídos sin abusos: acatan este destino con una amable resignación. Igna no es despótica como las reinas viriles, es simplemente inevitable. Se satisface arrebujándose contras sus protegidos y goza de ser dueña, de tener, de los otros.
Igna, como las reinas, no es nada sin sus súbditos. Su existencia depende de ellos y cada noche se los agradece con monedas de tiempo y aromas.
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