lunes, abril 07, 2008

Lupis

Su aroma es el calor de las hembras. Se acerca y se aleja en maravillosos giros; es la danza sagrada que sus ocho patas aprendieron hace siglos. Es cierto, algunos de los dones de que goza los ha comprado, pero a quién importa. La verdad es un acto de magia que no distingue células de tiendas. Indiferente, ella asusta con gracia: los millares de ojos en que detallan sus celestes cabellos son la certeza del control divino. Aún así, nadie puede negarnos que existimos cuando nos mira y la conclusión es fácil: si nos mirara siempre, tranquilamente seríamos eternos. Es hermosa, y se desliza suavemente por sus extensas y crecientes redes con la femenina ambición de atrapar al mundo.

No la he probado aún. Me entretengo en las mañanas imaginando que tiene un sabor de luces nocturnas, cercano al de las luciérnagas mágicas de los postres japoneses.

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