Al acercarse a ella tuvo un segundo de duda, como si en el aire hubiera de pronto un vapor leve, helado. Se acordó de las cascadas y el frío que exhalan. Las montañas tienen el aliento de hielo; las personas...
Fue solo un instante, menos de un segundo, un pensamiento que pasa y que lo dejó sin otro que lo reemplace. Cuando volvió a pensar estaba hundido en su boca, saboreando sus labios gruesos, cuando volvió a hacerlo sus dedos estaban en ella, apartando sus negras plumas. La última vez que pensó era ella quien estaba sobre él, bebiéndoselo.
La última vez que pensó.
Luego esa sensación familiar, esa grata debilidad del amor que se evaporaba. Se sintió frío y confundido. Sus pies, agarrados de una grieta en la roca sostenían su cuerpo invertido. El resto era oscuro y confuso, tan confuso como la realidad. Recordaba un sabor como a sangre, agradable. La oscuridad que lo rodeaba le resultó familiar. Casi visible.
Gritó, como quien abre los ojos. Un sonido, sordo y luminoso, encendió el paisaje. Se echó a volar.
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