Las palabras fueron breves. Así son los magos, pragmáticos poetas que saben que la lírica es, será o ha sido carne. Z. finalizó el poema, cerró el sobre y lo envió. El ¿mal? estaba hecho.
Entre el origen y el destino la carta fue tocada según lo previsto por trece inocentes empleados de correo. Las consecuencias fueron diversas e impredecibles. Tres de ellos ya están muertos. Los restantes preferirían estarlo.
Cuando ella abrió la carta el resultado fue distinto. Se demoró lentamente en cada palabra, las hizo carne en su mente, imagen, luz. Luego las pronunció, suavemente y despertó debajo de él, cerca del final.
Los conjuros necesitan hechiceros y hechizadas. Y trece muertos.
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1 comentarios:
Lo soñó... "Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra.".
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